LA MUJER EN LA EMPRESA FAMILIAR

Mi nombre es Susana Guzmán, nací en Quetzaltenango, me gradué de la Licenciatura en Psicología Industrial y luego estudié 2 masters: uno en Marketing y un executive MBA. Tengo un diplomado en repostería francesa y actualmente trabajo como directora comercial en la empresa familiar que fue fundada hace 40 años, Alimentos Xelapan.

Soy madre de 2 niños y estoy casada desde hace 10 años. Me gusta integrarme en grupos donde puedo aprender y generar cambios positivos en la sociedad por lo que asisto a la iglesia con mi familia, pertenezco a la junta directiva de Cámara de Comercio filial Quetzaltenango y soy miembro del Club Rotario Los Altos de Quetzaltenango. Desde pequeña quise trabajar en la empresa que con mucho esfuerzo construyó mi padre y recuerdo qué los fines de semana íbamos con mis hermanos a jugar entre los costales de harina o a ver las tiendas; y que mi mamá le ayudaba haciendo jaleas en la casa entre semana para poder rellenar los pasteles.

Es muy importante recordar los inicios y la historia, ya que marcan el futuro y permiten seguir los pasos, en mi caso, del fundador de la empresa los cuales fueron guiados por el esfuerzo, el criterio e innovación. Hoy con la incorporación de la segunda generación de la familia a la empresa los retos que se presentan son grandes. Uno de los principales es la permanencia de la empresa cumpliendo los objetivos planteados.

Para esto es necesario que exista un orden y que cada miembro de la familia que trabaja en la empresa sea tratado como parte del recurso humano, con responsabilidades que cumplir y con una retribución establecida de la misma forma que con los demás miembros del equipo laboral. Existen cuatro tipos de actores en las empresas familiares: el primer tipo integrado por los miembros de la familia que no trabajan en la empresa; el segundo grupo está compuesto por los dueños o accionistas que no necesariamente tienen un puesto activo en la organización; el tercer grupo es la junta de directores, donde puede haber accionistas y trabajadores remunerados por la empresa; y es donde se toman decisiones trascendentales no solo sobre la estrategia, también sobre la operación diaria; y el cuarto grupo, está compuesto por gerentes y trabajadores dónde se llevan a cabo las directrices planteadas por la junta de directores.

Decidir en qué grupo trabajar no solo depende del rol familiar sino también laboral, he sido parte del cuarto y tercer grupo, aunque en ocasiones el deseo de compartir más tiempo con mis hijos y familia me hace pensar en cambiar al primer grupo. La decisión de muchas mujeres que están en la misma situación es difícil, ya que toca decidir si se desea independencia económica y cuál será el rol en el futuro. Siempre me he visto como una mujer activa no solo en el hogar sino también en la empresa, por este motivo, hoy continúo trabajando en el tercer grupo y creo que como mujeres debemos decidir lo que nos de paz, buscando equilibrio en el presente y en el futuro.

La importancia de determinar el orden en la empresa familiar también tiene que ver con la definición de un camino claro y un liderazgo establecido. Aunque todos tengamos buenas intenciones, si no sabemos a dónde ir y no definimos cómo hacerlo, todos tomaríamos un rumbo distinto y no alcanzaríamos los objetivos deseados. La estructura organizacional y la forma de ocupar los puestos de jerarquía debe ser clara y accesible para todos los miembros de la organización, no importando si la persona es miembro de la familia o no, dando prioridad a las capacidades.
Como mujeres en la empresa familiar no podemos perder de vista que la familia es primero. Esto no significa dejar de lado los intereses de la empresa. Al contrario, mientras la empresa familiar esté mejor, la familia también va a estar mejor y viceversa. Por eso todos deben trabajar bajo las premisas del respeto, perdón y gratitud; diferenciando los momentos familiares de los momentos de trabajo. En el caso de nuestra familia nos ha ayudado mucho respetar los espacios físicos para no tocar temas de trabajo en la casa y temas de la casa en el trabajo.

Trabajar con los hijos, hermanos o con los padres puede ser complicado. Pero al tener una actitud agradecida podemos enfocarnos en las cosas positivas y ver al familiar como un trabajador más que puede tener grandes brechas que superar, pero que también puede aportar mucho, dejando los prejuicios familiares por un lado y concentrándonos en hacer equipo para continuar construyendo un futuro mejor para todos.


“Más valen dos que uno solo, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!”.

Eclesiastés.