NO HAY LIMITANTES SOLO IMPULSOS

Mi nombre es Andrea Vanessa Citalan Poroj, originaria de Quetzaltenango, tengo 40 años de edad y soy Abogada y Notaria. Actualmente tengo dos ocupaciones, me desempeño como Jueza Vocal en el Tribunal de Sentencia Penal, Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente en Procesos de Mayor Riesgo de Quetzaltenango y además soy madre soltera de dos princesas.

Provengo de una familia humilde, que con mucho esfuerzo nos proveyó a mis hermanos y a mí, de una educación privada con miras a un mejor futuro, lo cual agradezco a mis señores padres, ya que, aunque pasamos por muchas limitaciones, se logró el cometido, y de allí que soy la primera profesional en toda mi familia.

Inicialmente quería estudiar bachillerato en Computación, pero bajo el estereotipo de que al ser mujer podría casarme o resultar embarazada, un bachillerato no me abriría muchas puertas laborales, por lo que me gradué de Perito Contador, carrera durante la cual, me entusiasmó el mundo del derecho y de allí la decisión de mi profesión.

Al ser mi deseo estudiar en una universidad privada, y ante nuestros limitados recursos familiares, inicié a laborar como secretaria de un bufete jurídico devengando un salario de quinientos quetzales mensuales, los cuales inicialmente me permitían cubrir los gastos estudiantiles, pero posteriormente con el incremento de las mensualidades universitarias y otros gastos básicos como, libros, presentación de trabajos, transporte y ropa entre otros, se volvieron insuficientes, por lo que primeramente solicite una beca estudiantil de la cual me otorgaron un 50% y posteriormente, con el ideal de llegar a ser Jueza, inicie a efectuar pasantía en el Organismo Judicial, donde realice interinatos que me permitieron seguir pagando mis estudios. Tres años después, se dio la oportunidad de una plaza fija dentro del Organismo, siendo así la primera auxiliar judicial itinerante para la región sur occidente del país (Quetzaltenango, Retalhuleu, Suchitepéquez, Quiche, Totonicapán, Sololá Huehuetenango, y San Marcos).

Esta plaza implicaba cubrir puestos de oficialías, notificadores o comisarias que estuvieran vacantes por licencias o suspensiones de cualquiera de los órganos jurisdiccionales de la región, lo que provocaba que un mes estuviera en un departamento y al siguiente mes en otro. Y a pesar de haber sido un reto personal, no solo por las condiciones que en ese tiempo existían, como lo era la construcción de la carretera interamericana, la ausencia propiamente de otras carreteras (como las que ahora conducen al triangulo Ixil, o a Ixchiguán, San Marcos), la limitación en horarios de transporte público hacia algunos municipios, la inexistencia de teléfonos inteligentes, así como de aplicaciones de localización de lugares, las agresiones y robos dentro de los transportes colectivos, e incluso la discriminación entre compañeros al no dominar el idioma de la localidad o por mi condición de mujer, fueron aspectos que me hicieron tomar fuerzas y comprometerme a seguir en busca de mi sueño de ser Jueza.

He de indicar que el camino no fue fácil, pero me logré graduar de Abogada y Notaria, y con mucho esfuerzo y estudio posteriormente también logré ingresar a la Escuela de Estudios Judiciales en la ciudad capital para prepararme como Jueza de Paz, y años después como Jueza de Primera Instancia, desempeñándome actualmente como Jueza vocal de uno de los Tribunales de Mayor riesgos en todo el país, donde orgullosamente puede decir que formo parte de ese 42% de mujeres juezas de Guatemala y la única mujer Juezas con funciones en un órgano de Mayor Riesgo en Quetzaltenango.

Otra de las razones que me motivo a ser la profesional que soy, y que me inspira día a día, a seguir mejorando mi versión en todas sus facetas, son mis hijas, quienes serán mi legado para este mundo, y quienes también sé, me ven como ejemplo inmediato a seguir. Por lo que, ante el rompimiento de la relación con el padre de mis hijas, decidí seguir luchando por ellas y por mí misma.

El rompimiento de una relación de pareja no depende de sí se es, o no profesional, y mucho menos se puede predecir que ésta persona adopte una postura de paternidad responsable, por lo que no podemos permitir que los resultados de ello afecten a nuestros hijos.

Del mismo modo, es importante considerar que los estereotipos de género nos hacen buscar erróneamente no solo la aceptación familiar, sino que también social, al creer situación tales como: “las mujeres únicamente somos de la casa y los hombres de la calle”; “las mujeres somos débiles y los hombres son fuertes”; o que “los hombres son la cabeza de toda familia”, entre otros tantos, los cuales son falsos y solo nos limitan a demostrar nuestro potencial.

Finalmente he de decir que vivo feliz y haciendo lo que me gusta, sobre todo con mucha paz, por lo que concluyo en que el querer es poder, y cuando ponemos nuestras metas y proyectos en las manos de Dios, él obra en favor nuestro, poniendo los medios y las formas para alcanzarlos, asimismo adversidades o limitantes siempre habrán en las diversas esferas de la vida, pero debemos tomarlas como impulsos para sacar esa esencia de luchadoras que tenemos, porque no sabemos quién nos observa y le serviremos de inspiración.