En una niña que jugaba a vender cremas y pesar objetos en una balanza nació el espíritu emprendedor de Gilda Lucrecia de León López, quien recientemente cumplió 17 años de tener una empresa que se dedica al bienestar de las personas.  

Durante su adolescencia tener una empresa persistía como uno de sus sueños; el primero de sus emprendimientos fue una venta de ropa en el cual se asoció con una amiga, sin embargo, Gilda sabía que formarse también era importante, por ello decidió continuar con sus estudios universitarios para graduarse de Auditora.  

Al finalizar su carrera, comenzó a trabajar en distintas instituciones hasta que asesoró a una empresa que era administrada por tres mujeres visionarias que en aquel entonces soñaban con ofrecer un servicio de bienestar a los clientes, tiempo después decidieron venderla y fue la oportunidad de comenzar un negocio propio para Gilda.  

“Galilea” es el nombre del mar y representa mucho para mí, porque me dio paz, convicción e inspiró a emprender, por ello decidí otorgarle este nombre al Spa y Salón, que es una empresa con propósito, comentó Gilda.  

Agregó, que más allá de la rentabilidad de su empresa, uno de sus objetivos era hacer algo diferente, por ello pensó que a través del spa y salón sus clientes podrían gozar de salud integral. Muchos clientes han comentado que sienten paz al entrar a Galilea, eso cumple con el propósito de hacerlos sentir como en casa explicó. 

Dios pone los sueños en nuestro corazón y nos da las herramientas para cumplirlos, he asesorado a otras empresas y he percibido que dan más valor a lo económico y no al ser humano; al iniciar sentí que mi empresa era superficial, pero luego pensé que a través nuestro servicio transformaríamos vidas apoyando la autoestima de los clientes y por ende el amor propio, añadió.  

EL DON DE ENSEÑAR 

Gilda compartió que uno de sus sueños es ayudar a mujeres empresarias en cuanto a formación en costos de los productos o servicios que ofrecen para que su emprendimiento sea rentable. Considera que la educación es muy importante y por ello admira y valora el trabajo que realiza CORALI, al proveer de herramientas y formación técnica a mujeres, porque muchas olvidan que el éxito de una empresa también radica en dominar el área administrativa.  

En algún momento sintió que Dios le había provisto del don de enseñar para dejar un legado, se sentía feliz de capacitar a sus colaboradoras, algunas de ellas crearon su propio salón y Gilda también las apoyó proporcionándoles productos.  

“Tener una empresa no es fácil, existen momentos en los que he querido derrumbarme, pero en las dificultades uno se vuelve creativo sí aprende a verlas de manera positiva. Creo en mis sueños porque Dios los pone en mi corazón y me da las herramientas para lograrlos, tengo fe y soy perseverante”, expresó Gilda. 

Resaltó que su mamá le enseñó a soñar en grande y su papá a tener disciplina y nunca dejar de estudiar. Además, gracias al apoyo de sus dos hijas, se ha actualizado en temas Tecnológicos y de Marketing Digital, para innovar en su empresa. 

A sus 57 años, Gilda es una mujer que nos inspira a visualizar que la realidad que vivimos puede convertirse en nuestro sueño más grande y anhelado, pero debemos materializarlo, creer y declarar que será exitoso.  

El centro de recursos empresariales Corali, es ejecutado en Guatemala por la Red Nacional de Grupos Gestores, con el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos y CIPE.